Habían
comenzado las vacaciones de invierno. En la mañana ventosa la madre salió con
el pequeño para hacer una caminata por la plaza más cercana del barrio. Cuando estaban cruzando la avenida, apareció
un grupo de personas enarbolando carteles con una sola palabra escrita en
grandes letras. Algunas de las personas iban gritando, otras lloraban, varias
de ellas caminaban abrazadas, apoyándose unas en las otras.
El
niñito los miró asombrado y le preguntó a la madre qué les pasaba; ella le
respondió que estaban tristes porque una persona de la familia había tenido un
accidente. Cuando hicieron dos cuadras más vieron que avanzaba una columna de
mujeres llevando carteles iguales a los que llevaba el grupo que habían dejado
atrás, pero con ellas iban varios hombres llevando cámaras filmadoras. El
pequeño los miraba fascinados y preguntó a su madre si estaban filmando una
propaganda. Ella le respondió que no, que solamente estaban pidiendo algo.
Cuando
llegaron a la plaza, se encontraron con una gran cantidad de gente que llevaba
carteles y pancartas. Aunque no sabía leer, el niño comprendió que se trataba
de la misma palabra y entonces le preguntó a su madre qué decía. “JUSTICIA”, le
contestó ella, antes de apretarle la manito para cruzar hacia la vereda de enfrente.
Mamá,
preguntó el pequeño, ¿qué quiere decir justicia?
Y la
madre bajó la vista y respondió: Justicia es cuando cada uno recibe lo que
merece. Cuando el que más estudia recibe la mejor nota, por ejemplo,
¿entiendes?
Pero en
su interior quedaba una definición más precisa que su pequeño no estaba en
condiciones de comprender todavía.
Justicia
es una silueta solitaria que vaga por las calles, esperando ser atendida.
Justicia
es una figura dolorida porque nadie la recibe, los que deben atenderla la hacen
a un lado, los que la piden agonizan en la inútil espera, los que juran
defenderla y protegerla la traicionan y descartan.
Justicia es una pobre mujer, desnuda y
solitaria, maltratada, burlada y despreciada cada día, mientras la gente
recorre las calles llamándola a los gritos, llamándola con sollozos lastimeros,
llamándola en vano.
LA AMIA TAMBIEN SIGUE PIDIENDO JUSTICIA
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