Sé que alguna vez formaste parte de mis sueños, de mis fantasías y proyectos de futuro. De un futuro efímero que jamás llegó a concretarse.
Sé que fuiste importante en mi vida, valioso, fundamental, imprescindible.
Que llenaste mis horas de desvelos y proyectos fantasiosos que resultaron vanos.
Que tu solo nombre despertaba en mí estremecimientos profundos y lágrimas fáciles.
Que el sonido de tu voz me emocionaba y tus silencios me llenaban de incertidumbres y tristezas.
Sé que pensaba que nunca dejarías de ser fundamental y amado, ansiado, añorado, extrañado.
Pero siempre supe que un día habrías de irte, caminando despacio, silenciosamente, sin explicaciones ni despedidas.
Sabía que tenías que dejarme, que debías abandonarme para retornar a la rutina plácida y amable de tu vida, mientras yo regresaba a esta soledad de páginas en blanco, de palabras flotando en busca de una pluma que las convierta en letras, mientras mi mano descansa sobre mi regazo vacío de esperanzas.
Sabía que ibas a marcharte sin dejarme un abrazo, una palabra cariñosa, un beso.
¡Y no me digas que estaba equivocada!
¿O acaso no te has ido ya de esa manera...?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario